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El trabajo de Wojnarowicz emerge directamente de su vida. No sabía mucho de historia del arte, su educación se limitó a la escuela secundaria y expresamente se negó a visitar las galerías de arte para conocer la obra de otros artistas de su tiempo. Durante su niñez pasó grandes penalidades, se convirtió en un adolescente sexualmente activo y más tarde en una especie de vagabundo, por lo cual no vio su experiencia reflejada en la cultura. El arte fue su antídoto, su forma de convertirse en testigo. -- C. Carr |
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David Wojnarowicz esta reconocido como una de las voces más potentes de su generación y sus logros artísticos lo colocan firmemente en la larga tradición norteamericana, que considera al artista como un visionario, un rebelde y una figura pública. El historiador y crítico de arte John Carlin, compara a Wojnarowicz con el gran poeta norteamericano del siglo XIX Walt Whitman, el mayor paladín de la libertad individual. Carlin compara la poesía verbal de Walt Whitman, inspirada por los ritmos del argot de Nueva York y la retórica del periodismo norteamericano, con la poesía visual de Wojnarowicz1, que surge de la historia social, de la cultura popular, y de sus propios sueños y visiones. Frecuentemente superponiendo texto, pintura, elementos en collage y fotografía, en ocasiones organizándolos en cuadrantes o en forma de tiras cómicas, Wojnarowicz creó narrativas provocadoras y alegorías históricas, que versan sobre temas dialécticos de orden y desorden, nacimiento y muerte. Su extraña sensibilidad hacia el collage tiene sus raíces en el los métodos de ensamblaje de el Área de la Bahía de San Francisco, de las décadas de 1950 y 1960, practicadas por artistas como Jess, Bruce Conner y George Hurms. La forma característica como Wojnarowicz1 comprime la actividad y tiempo históricos, aunada a su consumada técnica de collage, intensifica aún más el impacto de su trabajo. En su obra Crash: The Birth of Language/The Invention of Lies (Crash: El Nacimiento del Lenguaje/La Invención de la Mentira) de 1986, Wojnarowicz pinta a la cultura occidental en forma metafórica, como un de tren que se accidenta y estrella sobre las culturas nativas, destruyéndolas, para finalmente dar a luz al lenguaje, que facilita un "progreso" cuestionable y la expansión destructiva y negligente de los humanos. En la obra de Wojnarowicz1 existe una fuerte identificación con expresiones netamente norteamericanas. Sus fuentes incluyen las tiras cómicas, la ciencia ficción, los noticieros y la publicidad masiva. Wojnarowicz desarrolló un vocabulario particular, de símbolos que tomaron su significado a través de cuidadosas combinaciones que se contraponen en forma irónica y metafórica. Iconográficos e idiosincrásicos al mismo tiempo, sus personajes incluyen a un hombre envuelto en llamas, un hombre con un tiro al blanco sobre su ojo izquierdo, un vaquero jineteando un toro, un dinosaurio y una vaca cabeza abajo. Wojnarowicz se inspiró en las luminarias del arte pop, tales como Andy Warhol y Roy Lichtenstein. Se basó en las experiencias comunes a la mayor parte de los orteamericanos y utilizó imágenes ordinarias para construir relaciones formales abstractas. Símbolos del American dream se cambian de contexto y se despliegan como acusaciones tajantes al capitalismo y la violencia norteamericanos. Los anuncios publicitarios se transforman en visiones de horror, como puede verse en su serie de anuncios de supermercado, v.g., Untitled [Sirloin Steaks] (1983); mientras los barrios bajos en decadencia son pintados como románticamente sublimes (Soon All This Will En su contienda rebelde en contra del conformismo, la materialización y la mecanización, Wojnarowicz hace patente la influencia formativa de los escritores bohemios de 1950 en su obra. De la misma manera como estos escritores consideraron a Estados Unidos como una prisión deshumanizada, de valores excluyentes, Wojnarowicz consideró que su país, en 1980, estaba en un estado de emergencia ética. Su alianza con los llamados escritores Beats, especialmente Jack Kerouac y William Burroughs puede apreciarse en su profunda preocupación por los temas espirituales. En su obra Death of American Spirituality (1987), Wojnarowicz representa a un vaquero jineteando un toro, mediante un collage de artículos periodísticos sobre gángsters, Oliver North, SIDA, anuncios de automóviles y de artículos electrónicos. Imágenes de muñecos katchina, un encantador de serpientes y Jesús, desaparecen gradualmente sobre un fondo de fábricas y rocas en explosión. Esta obra sugiere varios significados, pero es clara la implicación de la pérdida de la creencia en el mito, la religión, la industria y la historia. En su obra Water (1987), uno de los elementos de la serie "Four Elements", Wojnarowicz intenta dar un cierto orden a eventos y fuerzas que se encontraban fuera de su control. El cuadro tiene un story board, en blanco y negro, en el que se yuxtaponen imágenes sexualmente explícitas con especímenes biológicos, abstracciones circulares, paisajes y otras imágenes fantásticas. En esta interpretación profundamente personal del tema, Waters ofrece una visión desgarradora de la tristeza que invade a Wojnarowicz, en su lucha por pintar, cuando estaba al borde del fin y en la etapa más productiva de su vida.
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